Una sociedad avanzada no puede soportarlo. Resulta insoportable. Una vergüenza insoportable. Ya hasta faltan cementerios para enterrar a los que se logra rescatar del mar, porque a muchos de ellos el mar se los ha tragado y allí quedaron para siempre. Allí quedaron enterradas sus vidas, con sus esperanzas de encontrar una vida mejor. Y fuera de ese círculo vicioso, ¿qué vemos? Mafias haciendo negocio con esa gente; políticos, y sus seguidores, buscando votos en el racismo y la xenofobia, y una sociedad que no se inmuta ante un drama de consecuencias inaguantables.
España, -y no es una excepción-, dividida en dos bandos: Quienes buscan, “sin mucho empeño”, una solución en origen; una solución que pase por mejorar las condiciones de vida de unos pueblos, que se vieron abandonados por los mismos que los explotaron. Y otro bando, que con pretextos que solo ellos se creen, los rechazan como personas pestosas que vienen a robarnos lo nuestro. Algunos se atreven, sin el más mínimo rubor, a justificar su xenofobia y su racismo, a justificarlo como defensa de nuestros valores, de nuestra cultura. ¡Vaya valores! ¡Vaya cultura!
Y ya no es solamente la teoría de abandonarlos, que no es poco, es la teoría y la práctica de sembrar odio y miedo hacia personas como si fueran nuestros enemigos. Qué conciencia la de aquellos que proponen -y otros lo aplauden-, enviar fragatas para impedir que lleguen a nuestras costas. Poca conciencia y poco conocimiento de la realidad. Los que lo dicen y los que votan esa opción, no saben que les estamos necesitando, que les vamos a necesitar. No saben, o nos quieren engañar, que los inmigrantes son la única solución para mantener el trabajo y para el equilibrio demográfico. Buscar el voto en la falsedad es intolerable.
Pero dejando aparte los intereses de una sociedad injusta que avanza, lo más importante es que se toman posiciones inhumanas e inmorales. El Planeta y sus riquezas son de todos, y como consecuencia se deduce que las repartimos bien, o vamos hacia una sociedad sumida en una peligrosa desigualdad. Cuidado que las sociedades maltratadas se levantan cuando ya no pueden más. Cuando vean que son un problema hasta para enterrarlos dignamente; cuando se den cuenta que su cementerio es, el fondo de los océanos.
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